La integración de medidas de control de plagas en programas de manejo de cultivos, requiere conocimientos básicos de biología y comportamiento de plagas y enemigos naturales, categorización de plagas y niveles de daño económico, fenología de cultivos y periodos críticos, el componente edafoclimático y los diferentes métodos de control de plagas, en suma los componentes del manejo integrado de plagas.

 El uso de pesticidas en los cultivos no puede ser reducido sin el correspondiente incremento de la eficiencia de los agentes de control natural, aspecto central del manejo integrado; para establecer la necesidad real y decidir sobre la implementación de una medida de control, es también fundamental el empleo del control biológico.

Por tanto, implementar el MIP en un cultivo intensivo difiere sustancialmente de un cultivo de subsistencia, en éste último muy poco o nada se conoce sobre el potencial real de muchos fitófagos y sus enemigos naturales, la capacidad de compensación del cultivo, la capacidad de otros factores que retardan la amenaza de pérdidas económicas, etc.

 Otros componentes del manejo integrado tienen un potencial real para suplir, sustentar y/o mejorar la acción de los enemigos naturales. Uno de estos componentes es el desarrollo de variedades de plantas que ofrecen tolerancia o resistencia a la infestación y daños por insectos. Varias prácticas culturales, pueden al ser bien ejecutadas, proporcionar refugios a los enemigos naturales, recursos para ellos mismos o sus presas alternantes u hospederos. El avance en los conocimientos sobre el uso de atrayentes, repelentes, especialmente feromonas, ofrece marcadas ventajas en los esfuerzos del manejo integrado, especialmente para el monitoreo y control de poblaciones específicas.

 Así, el MIP debe comenzar con un cambio de mentalidad de los mismos productores, pues “integrar” medidas de control, requiere de un punto de vista amplio y la participación de muchas disciplinas.