El agua es vital para el sostenimiento de la vida en la tierra y muy determinante para el desarrollo económico y social, inclusive para la producción de energía, la agricultura, el abastecimiento de agua potable y la industria en general. Se trata de un bien económico; por consiguiente, deben utilizarse en forma eficiente, equitativa y racional. Al distribuir los escasos recursos hídricos entre usos en competencia, debe prestarse la debida atención al valor económico que genera, sin afectar los derechos de los servicios fundamentales de toda la población. Los recursos hídricos subterráneos como alternativa viable de abastecimiento de agua para uso múltiple y su aprovechamiento se incrementa progresivamente, tanto por las necesidades que impone la concentración demográfica, como por la expansión económica y por sus relativas ventajas sobre las aguas superficiales.